2005-11-22

El hechizo de la Casa Corbitt


Caracas, Venezuela - 1993

Era un grupo de personas normales. ¿Normales? Bueno, tan normales como pueden serlo los jugadores de rol. Me corrijo: era un grupo de amigos que solían reunirse a jugar rol. Uno de los más jóvenes, Gabriel, estudiaba aún física en la universidad. Gabriel tenía un tío que había recibido en herencia una casona en algún lugar de la ciudad y tenía intención de venderla para sacarle algún provecho, pero nadie quería comprarla porque la casa tenía fama de estar embrujada. Como el tío de Gabriel vivía en el interior del país, le pidió a su sobrino que le hiciera el favorcito de darle una mirada a la casa, a ver si valía la pena el esfuerzo de quitarle la fama o mejor la mandaba a tumbar para construir otra cosa. Y de paso, que averiguara el por qué de la fama de casa embrujada. Gabriel no le podía negar tan simple favor a su tío favorito, pero tampoco iba a ser tan tonto de estropear solo su domingo. Así que le pidió a sus amigos del grupo de rol que lo acompañaran, una vez recibidas por correo las llaves y la dirección de la casa.

Una hora después, un nutrido (¿nutrido?) grupo de personas aparentemente dispares se dedicaba a buscar información sobre la historia de la casa en la Hemeroteca Nacional. No fue poca la información obtenida luego de varias horas de esfuerzo combinado, siendo suficiente como para reconstruir la historia de la casa.

La casona había sido construida en 1910 por un próspero comerciante extranjero llamado Nicholas Strowell, quien al poco tiempo cayó gravemente enfermo, por lo que vendió la propiedad a otro inmigrante llamado Walter Corbitt antes de volver a su país de origen con sus familiares. En 1927, los vecinos de la zona demandaron a Corbitt para obligarlo a abandonar su casa por "sus repugnantes hábitos e inoportuno comportamiento". Los periódicos no entraban en detalles acerca de qué clase de inoportuno comportamient era éste. Corbitt ganó el juicio y se quedó en la casa hasta su muerte en 1941. Fue ese mismo año que los vecinos demandaron nuevamente para evitar que Corbitt fuera enterrado en el sótano de su casa, tal y como había pedido en su testamento. El 1955 se mudó a la casa una familia de inmigrantes franceses, quienes sufrieron una serie de violentos accidentes que acabaron con la vida de ambos padres y dejaron lisiados a los tres hijos. La casona estuvo deshabitada largo tiempo, hasta que en 1984 se mudara otra familia que cayó inmediatamente víctima de una extraña enfermedad mental: poco después, en 1989, el hermano mayor enloqueció y se mató con un cuchillo de cocina. La familia se mudó de casa tras el trágico evento. En 1992 se muda finalmente la familia Pieretti, enfermando todos a la vez casi de inmediato. Los padres acabaron internados en el Hospital Psiquiátrico de Caracas, y los dos niños fueron enviados a Italia con sus parientes.

Ante tamaña historia, los audaces jugadores de rol pensaron en hablar con los padres en el Psiquiátrico y, aprovechando los contactos de uno de ellos, que era de la PTJ (Policía Técnica Judicial), lograron tan extraña entrevista. Con Vittorio Pieretti no pudieron entrevistarse, pues su estado era tan lamentable que apenas acertaba a murmurar y balbucear en posición fetal. Pero la esposa, Gabriela, estaba lo suficientemente lúcida como para, entre nerviosas miradas sobre su hombro y algunos gritos entrecortados, contarles que en su casa vivía una presencia maligna, que a veces despertaba en medio de la noche para encontrársela inclinada sobre ella, que tenía los ojos rojos, como si ardieran en llamas, y que hacía volar los objetos de la casa. Antes de caer presa de la histeria, la señora Gabriela alcanzó a decirles que el ser maligno odiaba a su marido y se ensañaba con él. Para este momento, la señora había alcanzado tal paroxismo de terror que Eduardo, el comerciante del grupo y quien se estaba entrevistando con ella, fue invitado a salir de la institución, dando fin así a la entrevista.

Más tarde, investigando en el Registro la legalidad de la casona, nuestros intrépidos amigos supieron que el albacea testamentario de Walter Corbitt había sido el Padre Miguel Gómez, pastor de la Capilla de la Contemplación e Iglesia de Nuestro Señor Otorgador de Secretos (otra iglesia mormona más... ¿o no?). Lo interesante del caso es que la Capilla había sido cerrada en 1987 por acciones penales. Era otro trabajo para el PTJ del grupo.

En la sede la de la PTJ averiguaron que ciertas declaraciones juradas afirmaban que la Capilla era responsable de la desaparición de algunos niños de la zona, por lo cual se realizó una redada secreta, que acabó en un tiroteo. El resultado: 3 policías y 17 "pastores" muertos, así como 54 miembros de la Capilla presos. Todos los miembros de la secta, excepto 8, fueron liberados al poco tiempo. El expediente del caso estaba extrañamente incompleto, por lo que el PTJ insinuó la presunta ilegalidad del proceso (¡qué rareza en Venezuela!). Lo que finalmente sacaron en claro fue que el Padre Gómez fue condenado a 30 años de prisión, pero escapó de la cárcel y del país en 1992. Toda una historia.

Todas las pesquisas las realizaron entre una cosa y otra a lo largo de la semana. El domingo se decidieron por fin a presentarse en la casa embrujada. La calle estaba desierta, como es natural cualquier domingo por la mañana. Una rápida conversación con una ancianita que pasaba por allí les permitió enterarse de que la Capilla había estado en lo que ahora era un terreno baldío al final de la calle, así que les provocó darse una vueltita por el lugar.

El terreno sin cercar se encontraba lleno de matorrales muy crecidos, entre los cuales aún podían verse los restos de la iglesia calcinada. Uno de los trozos de muro que quedaban en pie mostraba pintura blanca reciente que formaba una imagen: se trataba de tres Y dispuestas formando un triángulo, de manera que la parte superior de cada una de ellas tocaba a las otras dos. En el centro del triángulo había un ojo que miraba hacia el frente. Todos los presentes empezaron a sentir una molesto cosquilleo en las sienes.

Rodeando los restos de la iglesia no pudieron ver otra cosa que bloques de granito y vigas de macera quemada, así como basura tirada por doquier. En un momento dado en el cual caminaban juntos, el suelo cedió bajo sus pies. Dos de ellos no lograron asirse a nada y cayeron estrepitosamente hasta un sótano que había permanecido escondido quién sabe por cuánto tiempo. El resto se apresuró a bajar con la ayuda de una cuerda para ayudar a sus compañeros heridos, uno de los cuales quedó inconsciente unos minutos.

Repuestos del susto, se enfrentaron a otro mayor. Ante sí tenían un sótano cuyas escaleras estaban tapiadas de escombros y que se había convertido en tumba para dos sectarios de los que ahora sólo quedaban los esqueletos cubiertos con sendas túnicas de seda completamente destrozadas. En un viejo armario encontraron un diario que exponía las actividades de la secta y que afirmaba que Walter Corbitt fue enterrado en el sótano de su casa "de acuerdo a sus deseos y a los de Aquél que espera en la oscuridad" (o sea, que al final la casona tiene un cadáver enterrado en su sótano... con razón la fama de casa embrujada. Pero, ¿quién será Aquél?). Encadenado a un escritorio semi-podrido encontraron un enorme volumen encuadernado en piel humana. Fue después de haberlo tocado y hojeado a placer que uno de los presentes se dio cuenta de la macabra piel que lo cubría. Se trataba de un ejemplar manuscrito en latín del Liver Ivonis, tan podrido y comido por los gusanos que tiene secciones enteras ilegibles. Con un par de buenos golpes con una pala lograron romper la cadena para así llevarse el tenebroso libro.

Ya cansados decidieron dejar el sótano y acabar de visitar la casona. Lo primero que hicieron fue rodearla, por entre las hierbas crecidas, para descubrir dos puertas: la principal y una puerta lateral, ambas cerradas. Gabriel se dispuso entonces, ya con los compañeros nuevamente reunidos, a abrir la puerta principal con la llave que le enviara su tío. La aventura estaba por terminar... ¿o por comenzar?

Poco a poco fueron recorriendo la planta baja de la casa, separándose para explorarla más rápidamente, pero sin perderse mutuamente de vista. Colocaron cámaras y micrófonos para poder tener una buena vista de todo el piso. Muy pronto se dieron cuenta de que la casa estaba efectivamente abandonada. Las evidencias hablaban por sí solas: restos de alimentos comidos por las ratas en la despensa, una podrida sopa de arroz en el comedor, muebles dañados por la humedad... En la sala había gran abundancia de imágenes religiosas, santos, vígenes y cruces. Y en un cuarto trastero encontraron un diario, el diario de Walter Corbitt. Este diario constaba de tres cuadernos escritos en un castellano un tanto enrevesado y describía una serie de experimentos ocultistas, además de la descripción para invocar una criatura llamada vagabundo dimensional (vaya usted a saber qué cuernos es eso, ¿no?). Ninguno de los presentes pudieron reconocer el tipo de invocación ni el nombre de la criatura.

Al acabar de hojear el diario y con un terrible presentimiento, el grupo decidió pasar de examinar la planta alta para examinar mejor el sótano donde debería descansar Corbitt. Pero justo cuando se dirigían en tropel hacia la escalera, un fuerte golpe en la planta superior heló la sangre en sus venas. Un vagabundo que se escondía en la casa... seguro que era eso. Y, luego de un segundo golpe, se animaron a subir, todos juntos y con los nervios a flor de piel.

Arriba no encontraron vagabundo alguno. El piso superior estaba tan vacío como la planta baja. Así que, contra toda lógica, decidieron bajar al sótano. Un tercer golpe, muy fuerte, los hizo darse vuelta hacia una de las habitaciones, de donde parecía venir el ruido. Lentamente, muy juntos, entraron en la habitación sin descubrir nada anormal. Una vez adentro, un olor nauseabundo empezó a rodearlos; alguno de ellos acabó vomitando allí mismo. Y unas gotas de sangre empezaron a caer desde el techo del cuarto. Fue la gota que derramó el vaso. Uno de los visitantes se dispuso a buscar algo con lo que subir al techo, pues era evidente que al menos habría un animal muerto allí. Pero unos rasguños en la ventana lo distrajeron de su empresa, y, al asomarse descuidadamente, fue atacado por el duro armazón de la cama de madera, que había salido volando sin razón alguna hasta golpearlo. El pobre hombre salió despedido por la ventana, con tan buena suerte que sólo terminó con algunas fracturas.

Los demás bajaron corriendo a auxiliar a su amigo, prometiéndose no volver a entrar en tan peligrosa habitación. Luego de llamar una ambulancia para el herido, los que quedaban en pie decidieron acabar con la casa antes de ella acabase antes. Y bajaron al sótano, ignorando el olor y los golpes que provenían de arriba. La escalera que bajaba estaba en tan mal estado que, cuando Mac bajaba, unos escalones cedieron bajo su peso.

El grupo se encontró desazonado con un sótano húmedo y vacío, con tres paredes de ladrillo y una de madera. Revisando entre las escasas herramientas que descansaban tiradas aquí y allá, uno de los presentes encontró un cuchillo muy adornado, cubierto de óxido. Era tan bonito que decidió quedárselo. Pero, cuando lo iba a guardar en su mochila, el cuchillo se desprendió de su mano y voló directo a clavarse en el pecho de Gabriel. Afortunadamente él estaba mirando en ese momento y logró agarrar el cuchillo en el aire. El objeto parecía tener voluntad propia y forcejeaba por clavarse en el pecho de Gabriel. La lucha no duró mucho, y el cuchillo pareció perder la voluntad que lo movía, cayendo inerte al suelo. Esta vez fue cuidadosamente envuelto y guardado.

La pared de madera era muy extraña. Estaba fuera de lugar. Así que se dedicaron pacientemente a echarla abajo con unas hachas que había en el lugar. Unos crujidos al otro lado de la pared los animaba y asustaba a un tiempo. Finalmente, un agujero respetable se formó en la pared, y uno de los presentes se asomó. ¡Craso error! Una manada de ratas casi se lo come vivo. Tal vez es una exageración. El pobre acabó con unas cuantas heridas sin mayor importancia y un susto de muerte... y gran peligro de contraer la rabia como ñapa.

Al otro lado de la pared de madera pudieron ver otra pared de madera que rezaba "Capilla de la Contemplación" grabado con letras irregulares. Desesperados, terminaron de echar abajo la segunda pared para enfrentarse con una de sus peores pesadillas: un cadáver acostado sobre una plataforma en el centro de la habitación. Era una criatura flaca y desnuda, de figura descolorida, inexpresiva y arrugada, que medía más o menos 1,80 m de estatura. Sus ojos, muy grandes, se encontraban abiertos, como si la piel hubiera retrocedido. No tenía cabello. La boca estaba abierta y las encías se habían encogido de manera tan brutal que los dientes aparentaban ser imposiblemente largos.

Repuestos de la impresión empezaron a merodear, atraídos por unos papeles casi deshechos que estaban tirados en una de las esquinas de la habitación. Fue entonces cuando un escalofriante susurro a sus espaldas los hizo girar en redondo. El cadáver de Walter Corbitt se había levantado de la plataforma y avanzaba hacia ellos murmurando un extraño cántico. Fue el acabóse. Los nervios largamente tensados los traicionaron, y el policía descargó su arma en el cuerpo muerto que se aproximaba a ellos. Al tercer disparo, el cuerpo inerte se desplomaba en el suelo en medio de un débil estertor de muerte. De Corbitt quedó solamente una pequeña montaña de cenizas en el suelo; como buena "momia" se deshizo completamente al morir definitivamente. Manteniendo a los demás a conveniente distancia, el policía se acercó al lugar para descubrir una cadena con una pequeña joya negra en medio de las cenizas, que se deshizo ante sus ojos al tratar de levantarla con el cañón de la pistola.

Pronto se apersonaría la policía al lugar, avisada por los vecinos que escucharon los disparos. Y revusaron el lugar y se llevaron a los presentes para interrogarlos. Luego de una investigación de rutina, fueron liberados sin sospecha. Y la casa Corbitt no volvió a sufrir extraños fenómenos. El tío de Gabriel acabó viniendo a vivir a Caracas en su casa, luego de reformatla completamente.

RESUMEN DE LOS HALLAZGOS
  • LIBRO: Liver Ivonis, versión manuscrita en latín, encuadernado en piel humana, parcialmente dañado
  • LIBRO: diario de la "Capilla de la Contemplación e Iglesia de Nuestro Señor Otorgador de Secretos", sin información especialmente importante
  • LIBRO: diario de Walter Corbitt, incluye un hechizo para invocar a un vagabundo dimensional
  • OBJETO: cuchillo volador (aunque nunca más volvió a volar); posteriormente se descubrió que las manchas de óxido en sus superficie era sangre seca
  • OBJETO: joya negra en una cadena, convertida en cenizas
  • CRIATURA: muerto viviente, convertido en cenizas

Tomada de: "La llamada de Cthulhu 5.5"
Versión: Actual - situado en Venezuela